Se ha demostrado que el ejercicio aumenta la síntesis de proteínas musculares, y con ellas, la actividad enzimática mitocondrial; sin embargo, el ejercicio no revierte todos los cambios metabólicos relacionados con la edad.

Por ejemplo, con el paso del tiempo se produce una disminución en la tasa metabólica en reposo debida a una disminución de la masa libre de grasa y una disminución de la actividad física, lo que lleva a una mayor prevalencia de resistencia a la insulina, diabetes mellitus tipo 2, dislipidemia e hipertensión.

La forma en que los cambios hormonales relacionados con la edad afectan el músculo aún no se conoce por completo. El efecto de reemplazar esas hormonas en la sarcopenia ha llevado a algunos resultados contradictorios, pero se están llevando a cabo más investigaciones.

El aumento de grasa corporal, especialmente en los órganos, ha demostrado ser especialmente importante en la producción de mediadores inflamatorios, que asociados a la disminución de la masa de células beta (generan la insulina) propiciarían el desarrollo de resistencia insulínica y con ella, el desarrollo de diabetes.