los sentidos

¿Cómo funcionan y por qué envejecen?

Con el paso de los años, nuestros sentidos (olfato, tacto, gusto, vista y oído) pueden verse alterados y alterar lainformación sobre lo que nos rodea. Estas sensaciones pierden intensidad, haciendo que nos perdamos los detalles. Las alteraciones en los sentidos pueden modificar como nos comunicamos, afecta a nuestro día a día. Estos cambios pueden incitar al aislamiento.

Nuestros órganos detectan información del mundo, puede ser en forma de luz, olores, sabores o tacto. Esta información sensorial se transforma, gracias a sus células receptoras, en señales neuronales que van hacia el cerebro y nos crea sensaciones. Necesitamos una intensidad concreta de cada estímulo para que seamos conscientes de sentirlo. Esto solo sucede cuando sobrepasamos el nivel sensitivo más bajo y al envejecer se eleva ese listón. Necesitarás más estimulación para darte cuenta de ese sentido/sensación.

El envejecimiento afecta a todos los sentidos, pero el oído y la vista suelen ser los que más sufren el paso del tiempo. 

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La audición

El oído no se encarga únicamente de escuchar, tambien tiene la función de mantener el equilibrio.  A medida que envejecemos, la estructura interna del oído comienza a cambiar y su función disminuye. Aparecen dificultades en la capacidad de percibir el sonido de alta frecuencia (presbiacusia)  y puede tener problemas para mantener el equilibrio.

  • ¿Cómo escuchamos? Las vibraciones sonoras que se transmiten por el aire llegan al tímpano y desde ahí se transmiten hacia el oído interno, donde las células auditivas convierten las ondas de estas vibraciones en señales nerviosas y son enviadas a traves del nervio auditivo al cerebro.

  • ¿Como influye esto en el equilibrio? El oído interno se encarga de mantener el equilibrio. El líquido y pequeñas estructuras situadas en el oído interno (sáculo, útriculo y tres conductos semicirculares) actuan como receptores. Estos receptores envian señales al nervio auditivo y de ahí al cerebro, para mantener el equilibrio.

La vista

Nosotros podemos ver porqué la luz es procesada por el ojo e interpretada por el cerebro. Los rayos de luz atraviesan la superficie transparente del ojo (córnea). Continúa a través de la pupila y entra en el ojo. La pupila se vuelve más grande o más pequeña para controlar la cantidad de luz que ingresa al órgano. La parte coloreada del ojo se llama iris. Este es el músculo que controla el tamaño de la pupila. Después de que la luz pasa a través de la pupila, llega al cristalino. El cristalino enfoca la luz en la retina (parte posterior del ojo). La retina convierte la energía de la luz en señales nerviosas, que el nervio óptico envía al cerebro, donde se interpreta.

Todas las estructuras oculares sufren cambios degenerativos con el tiempo. 

Disminuye el tamaño de las pupilas y la sensibilidad de la córnea, podemos no notar daño en los ojos por la perdida de sensibilidad en la córnea. La adaptación a la luz o a la oscuridad es más lenta debido al tamaño de las pupilas.

El cristalino es más amarillo, más rígido y un poco más opaco.

El ojo está acomodado sobre grasa, que se reduce con la edad y provoca que el ojo esté más hundido.

Los músculos del ojo pierden la capacidad de rotar totalmente el ojo. Esto afecta a la agudeza visual, haciendo complicado enfocar  objetos cercanos. A esta condición le llamamos presbicia. Algunas gafas o lentillas pueden ser beneficiosas e incluso llegar a corregirla.

Las luces brillantes empiezan a ser más molestas y aparecen dificultades para adaptarse a la oscuridad y a la luz brillante. El deslumbramiento, las luces brillantes y la oscuridad provocan que conducir de noche sea imposible.

Diferenciar los colores frios (el azul del verde) es más difícil que distinguir el rojo del amarillo a medida que envejecemos. Empezar a usar colores cálidos  (amarillos, naranjas y rojos) en casa puede mejorar la visión. Al contrario de lo que podamos pensar, las luces rojas (más calidas en general) hacen más cómoda la visión que las luces nocturnas normales.

A medida que envejecemos, el liquido gelatinoso de dentro del ojo (el vítreo) disminuye, cuando esto ocurre pueden aparecer pequeñas manchas llamadas moscas volantes en su campo de visión. No tienen porqué afectar la visión, pero si de repente comienza a ver manchas nuevas, un especialista debe revisar sus ojos.

La visión periférica se ve reducida con el paso de los años. Cada vez debemos enfocar más la vista en el frente y  perdemos lo que hay a nuestros lados. Esto limita la interacción con el medio y con los demás. Puede ser difícil comunicarse al no ver con nitidez a  la persona que está sentada a tu lado.

Con el paso de los años es común que los ojos no produzcan suficientes lágrimas. Esto puede causar sequedad, y si no se busca un remedio para los ojos secos , la córnea puede infectarse, inflamarse y cicatrizarse.

El gusto y el olfato

El gusto y el olfato están vinculados, la mayoría de los sabores están relacionados con el olfato. Hay algunas situaciones que propician la pérdida de estos sentidos; como el tabaquismo, las particulas dañinas del aire contaminado o algunas patologías.

¿Cómo detectamos los sabores?

Tenemos aproximadamente 10.000 papilas gustativas. Tenemos varios tipos y en función de esto detectan ácido, salado, dulce, amargo o umami. 

Con la edad, el tamaño y el número de papilas disminuye y con ellas la intensidad de los cinco sabores. Lo mismo ocurre con la saliva, la boca seca puede afectar al sabor de los alimentos.

¿Cómo percibimos los olores? 

El proceso olfativo se origina en los receptores nerviosos situados en la parte superior de la mucosa nasal.

A partir de los 70 años su olfato puede deteriorarse debido a la disminución de terminaciones nerviosas y a la reducción de la producción de mucosidad. La mucosidad ayuda a que el olor se quede en la nariz más tiempo y así las terminaciones nerviosas lo detecten.

El tacto

Las sensaciones táctiles no son solo la presión y las vibraciones sobre nuestro cuerpo, este sentido tambien involucla el dolor y la temperatura y la posición corporal. No solo la piel tiene receptores (terminaciones nerviosas) para estas sensaciones, tambien los músculos, tendones, articulaciones o órganos internos. Estos receptores tambien envian la informacion al cerebro sobre la posición interna de los organos como ocurre por ejemplo durante el dolor de una inflamación como la apendicitis.

Con el paso del tiempo, la intensidad con la que percibimos este sentido puede disminuir o cambiar. Estos cambios pueden deberse a que disminuye la cantidad de sangre que circula por las terminaciones nerviosas, el cerebro o la médula espinal. Los receptores llevan la información por la médula espinal, que envian señales y el cerebro las recibe e interpreta.

Estos cambio sensoriales pueden ser causados por problemas de salud, como ciertas deficiencias de nutrientes, neurocirugía, demencia y/o daño cerabral o nervioso por algún golpe o enfermedad crónica. Esto es lo que sucede en casos como la diabetes.

  • Debido a la sensibilidad reducida a la temperatura, aumenta el riesgo de hipotermia (bajada peligrosa de la temperatura corporal) y de sufrir quemaduras al no detectar algo caliente, se recomienda limitar la temperatura del agua a 50 grados para evitar así quemaduras en la ducha.

  • Cuando la capacidad para detectar que algo nos roza (vibraciones) o nos toca (presión) se reduce, aumenta el riesgo de heridas. Incluidas las úlceras por presión continua (úlceras de decúbito, se producen cuando la presión interrumpe el suministro de sangre a un área).


  • No sólo perdemos sensibilidad a la presión o la temperatura, aunque pueda parecer contradictorio, con la edad tambien perdemos sensibilidad al dolor, las lesiones pueden ser más graves de lo que parecen porque el dolor está disminuido en algunas terminaciones nerviosas (en otras no, e incluso puede verse incrementado).

  • Si sufre esta disminución en sus sensaciones es posible que tenga dificultad para caminar porque no es consciente de su posición respecto al suelo. Esto incrementa las caídas, un problema común en los adultos mayores. 

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