Factores que alteran

el envejecimiento natural

Existe una gran variedad de factores (metabólicos y no metabólicos) que influyen en la aceleración y desaceleración del envejecimiento. Envejecer causa una disminución funcional de múltiples vías celulares que se requieren para mantener la homeostasis celular (equilibrio interno del cuerpo).

En los siguientes apartados explicaremos algunos de estos factores que alteran el envejecimiento y como lo hacen:

ÍNDICE DE CONTENIDOS

La importacia de la alimentación

Llevar una dieta equilibrada es muy imporante para evitar patologías, y modificarla en función de nuestro cuerpo y nuestras enfermades más aún. Es importante consultar siempre con un especialista, puedes consultar nuestras recomendaciones sobre alimentación saludable en adultos mayores donde verás como algunos alimentos ayudan a tratar enfermedades.

Destaca el efecto de las sirtuinas (proteínas) como actores clave durante el proceso de envejecimiento, son un objetivo prometedor para el rejuvenecimiento de las células madre. Las
sirtuinas se identificaron originalmente para aumentar la vida útil de la levadura y se ha demostrado que los homólogos de mamíferos (los genes Sirt2, Sirt3 y Sirt7) tienen menor actividad en células madre envejecidas. Hay alimentos con un elevado contenido en sirtuinas.

Las células madre

El rejuvenecimiento de células madre es muy prometedor para el tratamiento de trastornos relacionados con la edad, ya que se cree que el agotamiento de las células madre es una característica común del proceso de envejecimiento en múltiples tejidos. Permitir la autorrenovación puede potenciar la capacidad de reparación de los tejidos y contrarrestar el declive funcional durante el envejecimiento.

La cronodisrupción acelera el envejecimiento

El estilo de vida actual propicia mayor actividad nocturna, menos horas de sueño y, en ocasiones, cambios de horarios que provocan una alteración de los ritmos circadianos bioquímicos, fisiológicos y de comportamiento. Esto se conoce como cronodisrupción (CD), la cual puede conducir a un envejecimiento prematuro.

Esta alteración produce un aumento en la incidencia de síndrome metabólico, enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, trastornos afectivos, diabetes, alteraciones del sueño, algunos tipos de cáncer y envejecimiento acelerado. Al igual que otros procesos fisiológicos, el funcionamiento del reloj circadiano cambia con la edad: se reduce la amplitud de los ritmos, aumenta su fragmentación, se acorta el periodo, y aumenta la tendencia a la desincronización.

La acumulación de daño oxidativo es característica del envejecimiento relacionado con la CD, la mitocondria es un candidato como objetivo para un posible tratamiento, ya que es la principal fuente de especies reactivas de oxígeno y el orgánulo central del metabolismo. El envejecimiento se asocia a una acumulación de daño mitocondrial, debido en parte a una disminución progresiva de la autofagia en mitocondrias alteradas (mitofagia) [la mitocondria se come a sí misma].

Con la edad se produce una disminución de la funcionalidad del núcleo cerebral encargado de regular los ritmos circadianos. El núcleo supraquiasmático (NSQ). Está disminución es demostrada mediante el número de neuronas que expresan correctamente sus proteinas y alteraciones en la expresión de varios genes clave en la maquinaria del reloj molecular circadiano (Clock). Además, el número y la densidad de neuronas que expresan el receptor de melatonina en el NSQ disminuyen en adultos mayores comparados con controles jóvenes

La producción nocturna de melatonina por parte de la glándula pineal, una de las principales vías de comunicación química del NSQ con el resto del organismo, disminuye drásticamente con la edad, constituyendo un buen marcador de envejecimiento del sistema circadiano. Los hábitos nocturnos y la consiguiente exposición a luz durante la noche también disminuyen los niveles de melatonina, debido a la inhibición de su secreción por parte de ésta.

 

Se han desarrollado modelos de CD a partir de dietas con distinto contenido calórico. Por ejemplo, sometiendo a los animales en condiciones ambientales constantes, por un lado, a una dieta alta en grasas y por otro lado, a una dieta baja en grasas, se comprobó que el primer grupo desarrollaba cambios en sus ritmos circadianos: extensión del periodo, reducción de la amplitud del ritmo de alimentación, y alteraciones en la expresión de genes reloj.

Existen formas de evitar en la medida de lo posible esta alteración de los ritmos, y puesto que reparar directamente la maquinaria del reloj es complicado y hoy día no disponemos de herramientas terapéuticas eficaces, nos centraremos en la actuación sobre los sincronizadores de los ritmos y sobre las salidas del reloj: 

Por ejemplo, pacientes afectados por depresión estacional o enfermedad de Alzheimer mejoran tras una semana de exposición a la luz diurna. Además, la exposición a luz brillante diurna también produce una mejora en la secreción nocturna de melatonina en adultos mayores con insomnio

Sin embargo, debemos evitar en lo posible la exposición a luz brillante durante la noche, ya que, como se ha señalado anteriormente, ésta tiene efectos indeseables sobre el sistema circadiano. En aquellos casos en los que sea imprescindible la iluminación nocturna, esta no debe ser luz azul y se recomiendan tonos cálidos.

El ejercicio físico, realizado de manera regular, actúa como sincronizador del sistema circadiano y potencia la robustez de los ritmos. Mejora el estado de ánimo, activa el metabolismo y mejora la profundidad del sueño. Además, si este ejercicio se realiza en exteriores y en compañía, su capacidad sincronizadora se potencia al combinarse con otros sincronizadores como son la luz brillante y los contactos sociales.

Llevar un estilo de vida regular en cuanto a ritmos de actividad-reposo, exposición a la luz durante el día, horario de comidas y contactos sociales, unido a una alimentación equilibrada, y a una calidad de sueño aceptable es fundamental para evitar el desarrollo de CD y consecuentemente poder tener un envejecimiento más saludable.

Referencia: E. Ortiz-Tudela et al / Rev Esp Geriatr Gerontol. 2012;47(4):168–173 171